miércoles, 26 de diciembre de 2007

Sueño VII: 26 de Diciembre de 2007


Vuelvo a soñar…

Estoy subido al árbol ya derribado de mi jardín. Hay más gente, estamos jugando, no sé a qué. Me canso de jugar y me voy.

Llego a mi ascensor y me dispongo a subir, pero en ese mismo instante una familia inglesa abre la puerta. Son muchos, no cabemos. Un joven inglés dice:

- Four, fifteen… -Al mismo tiempo que mueve la mano derecha indicando que prácticamente no hay diferencia entre entrar cuatro o entrar quince.

Y una mierda, claro que hay diferencia, no quiero pasar el resto del día en un ascensor de poco más de metro cuadrado con toda una piara inglesa. No digo nada y suplico que lleguemos sanos y salvos. El joven presiona el botón y una sirena acompañada de una fuerte luz roja nos avisa que con ese peso el ascensor no va a subir. Miramos una pequeña pantalla en la que indica el sobrepeso dentro del ascensor. Bajamos uno a uno y observamos el comportamiento de la pantallita. Parece estar rota, los kilos suben y bajan sin mantener un orden lógico. Nos bajamos todos. Ahora no estoy en mi edificio, ya que el ascensor parece más grande, probablemente esté en un hotel. Volvemos a subir uno a uno. Cuando ya somos unos diez y vemos que la pantallita de sobrepeso no indica nada, presionamos el botón.

¿Porque nos fiamos de una pantallita errática? Comenzamos a subir, pero apenas tres segundos después la catástrofe se hace latente. Una de las cuerdas que sujeta el ascensor se ha roto. La inclinación me hace caer a la derecha, estamos descendiendo, cada vez más rápido, la gravedad no perdona. Uno de los laterales del ascensor se parte y caigo por él al absoluto vacío.

Voy a morir. El tiempo se ralentiza. No quiero mirar abajo y averiguar de cuantos segundos de vida dispongo. Pienso en mi familia, en lo mal que lo van a pasar cuando muera. Por un instante visualizo mi propio funeral y una lágrima se fusiona con el aire que golpea mi cara. Pienso que no viviré para ver su sufrimiento y entonces me planteo que a lo mejor ahí vida más allá de la muerte. No puede ser así como muero, esto tiene que ser un sueño o una pesadilla tal vez, me esfuerzo para que así sea.

Despierto y vuelvo a nacer.

-FÍN-


domingo, 9 de diciembre de 2007

Sueño VI: 09 de Diciembre de 2007

La escena se sitúa en un rellano con cuatro ascensores. Es un rellano muy activo, muchas personas transitan por allí. De repente veo al señor Galera de mantenimiento, está al fondo de un largo corredor, su vestimenta es del todo arriesgada, un traje verde fosforito, semioculto tras un largo abrigo negro.
Galera mira hacia el rellano.

-¡Eeeey! –Grita.
-¡Ye! –Javi estaba allí, esperando un ascensor- ¿Con quién curras hoy?
- Con el tonto este –dice señalando a su compañero Jesús.

En ese instante veo que Matías y Mariano están esperando para coger el ascensor. Me acerco a ellos.

-¡Ey! ¿Qué tal?, ¡Cuanto tiempo eh!
-¡Ey Euge! Ya ves tio.

El ascensor llega. Subimos los tres. Mariano se queda mirando un hueco del ascensor con la pierna en posición de tiro. Matías presiona un botón y comenzamos a ascender, en ese instante un pajarillo sale por el hueco y Mariano suelta la pierna con furia. Ha fallado, el pajarillo vuelve dando saltitos en actitud burlona a su pequeño nido.

-¡Qué rabia eh! –dice Matías- El otro día paré el ascensor y me fui en busca del puto pájaro y nada tio, no hay forma.

El ascensor para, me preparo para salir, pero entonces comenzamos a desplazarnos en horizontal. Nos agarramos con fuerza a los barrotes, el traqueteo cada vez va a más. ¡Qué tortura! Se apagan las luces. Frenamos en seco y las puertas se abren.

¿Qué mierda es esto? Estamos en medio de un solar, bajo una noche fría y cerrada ¿Cómo cojones ha llegado el ascensor hasta aquí? En medio del solar hay escaleras de acero que no llevan a ninguna parte, de muchas formas y colores. Corremos, subimos escaleras, bajamos escaleras, da igual, no importa, no llevan a ninguna parte. Al fondo vemos una escalera distinta a las demás, es una escalera con forma de semicírculo, como esas que hay en los parques infantiles, solo que esta mediría alrededor de 50 m de altura.

Vamos hacia allí, Mariano comienza a subir, Matías le sigue y yo le sigo a él. Cuando llegamos al punto más alto, Mariano nos cuenta que el edificio que tenemos en frente es de un arquitecto, cuyo nombre no quiero acordarme, muy famoso, que ha diseñado la mayoría de edificios de Benidorm.

En fín, el caso es que bajamos y por fín vemos la calle. Estamos cerca de Zona Guiri. Me toco los bolsillos. ¡Mierda mis llaves! Las he perdido, llamo a la policía y se lo cuento. Seguimos caminando y al rato me doy cuenta de que las llaves están en el bolsillo de mi chaqueta vaquera. De repente un policía me coge por detrás.

-¡¿Eres Eugenio?! ¿El que ha perdido las llaves?.
-Sí agente.
-Joder, hay que tener más cuidado. ¿Te has mirado en ese bolsillo de la chaqueta?

¡Mierda puta!¡Qué vergüenza!

-Sí agente, nada de nada.
-Bueno, si encontramos algo te avisamos.

El agente se aleja mirando sospechosamente el bolsillo donde guardo mis llaves…

Nos vamos de allí y seguimos caminando un buen rato. Un escalofrío me atraviesa el cuerpo. ¡No puede ser, he perdido la chaqueta! Corro el camino en dirección contraria buscando mi preciada chaqueta. Corro en vano, ya es imposible, nunca la recuperaré.

-FÍN-


domingo, 2 de diciembre de 2007

Sueño V: 02 de Diciembre de 2007



Miguel, J.P y yo caminábamos de noche por el paseo marítimo de Benidorm cuando rompió a llover con fuerza. A los pocos segundos estallaba un castillo de fuegos artificiales en la arena de la playa.

-¡Jajajajaja! –Rompimos a reír.

Era gracioso ver caer tal aluvión mientras estallaban aquellos fuegos de artificio, por ello nos sentamos a verlos. Había mucha gente allí a pesar de la lluvia.

Diversos fuegos de distinta índole se sucedían unos a otros hasta que llegaron unos que llamaron gratamente la atención del público. Aquellos cohetes tenían una hélice que les permitían descender muy lentamente. De repente empezaron a acercarse al público rozando incluso algunas cabezas. Miguel y yo nos refugiamos tras una columna, pero J.P permaneció allí sentado, absorto al observar tal espectáculo. Una hélice pegó en un anciano que se sentaba junto a J.P, fue entonces cuando se levantó al ver al peligro que se exponía.

Nos fuimos de allí, ya no nos divertíamos. Fue entonces cuando nos cruzamos con Bea, la amiga de Carmen, mantuvimos una corta conversación que finalizó así:

-Eso de ser gracioso es pura química ¿Verdad? –Espetó la pizpireta Bea.

Seguimos paseando, había mucha gente. Miguel empujó ligeramente a un hombre de rasgos asiáticos y seguimos caminando. Al rato un joven asiático, que parecía ser el hijo del anterior, se situó junto a mí y me presionó reiteradamente con el codo en mi costado, hecho que me enervó hasta tal punto que cogí al joven por el cuello. Mientras tanto a Miguel lo rodeaban dos mastodontes de raza negra y aquel hombre al que empujó, de forma que solo podía seguir el camino que las dos columnas le dictaban. Lo estaban raptando.

-¡Policía!¡Policíaaaaaaaaaaa! –Grité.


-FÍN-