
Allí estaba yo, buscando trabajo, solo un año en la carrera y ya puedo entrar en el mundo laboral. Era un sitio desértico con un módulo prefabricado en medio de nada. Había más gente. Allí vi a Javi, mi compañero de clase.
-¡Ey! Javi.
-Hola, buenas. Has venido por lo del curro de aparejador, ¿no?
-Sí tio, me han dicho que buscan gente para Hospital Central.
-¿Y eso? Que raro no. Jeje.
-¡Ya ves!
-Venga Euge, que tengas suerte.
-Igualmente.
Subo las escaleras prefabricadas que conducen al módulo, también prefabricado. Allí hay mucha gente. Tanta que en pocos segundos se han agotado las ofertas de trabajo. Vuelvo a bajar las escaleras. Veo un coche rojo, en él van los escogidos, entre ellos mi amigo Javi, el cual me saluda feliz.
Ahora estoy en una tienda de ropa, probablemente un Agir. Veo un cartel. Interesante. Habrá otra entrevista de trabajo mañana, debajo del cartel pone algo así como que tendrán preferencia aquellos que se disfracen como un cocodrilo. Pss. Que gente más surrealista, se quieren reir de nosotros.
Salgo de la tienda, camino hasta la acera. Increíble. Cruzo la calle. No puede ser. Allí, ahora junto a mí, un hombre disfrazado de cocodrilo. Es mi oportunidad.
-¿Qué te puedo ofrecer por el disfraz?
Su respuesta aparece junto a él, como si de un videojuego se tratase (Jodida playstation).
-8 monedas de oro.
-Acepto.
Automáticamente me convierto en el hombre cocodrilo. Me dirijo hacia la dirección donde se va a realizar la entrevista de trabajo. ¡Soy un cocodrilo, las tengo todas conmigo! Abro la puerta donde será la entrevista. No llamo a la puerta, un cocodrilo no lo haría. Allí hay más gente, la cual me mira fija y raramente. Cierro la puerta y al volver la vista me encuentro al gran Adri con su traje blanco y su camisa roja (debió leer un cartel distinto al mío).
He vuelto a llegar tarde, allí tampoco hay trabajo para mí, me dicen otra dirección y salgo de allí. Ya no estoy disfrazado; es más, no soy yo, soy la niña pequeña de las Crónicas de Narnia y voy con un niño pequeño. Llegamos al bloque donde supuestamente será la nueva entrevista. No hay ascensor. Subimos las escaleras. El edificio está en ruinas y cuanto más subimos peor está. Llegamos a un punto en que no hay más escaleras, están derruidas. Volvemos a bajar. Ahora la entrada está llena de rocas. Intentamos salir, el niño se cae y queda inconsciente. A duras penas logro sacarlo conmigo en brazos, hay muchas rocas. Al final del escarpado camino hay gente esperandome. Llego sana y salvo.
-¡Ey! Javi.
-Hola, buenas. Has venido por lo del curro de aparejador, ¿no?
-Sí tio, me han dicho que buscan gente para Hospital Central.
-¿Y eso? Que raro no. Jeje.
-¡Ya ves!
-Venga Euge, que tengas suerte.
-Igualmente.
Subo las escaleras prefabricadas que conducen al módulo, también prefabricado. Allí hay mucha gente. Tanta que en pocos segundos se han agotado las ofertas de trabajo. Vuelvo a bajar las escaleras. Veo un coche rojo, en él van los escogidos, entre ellos mi amigo Javi, el cual me saluda feliz.
Ahora estoy en una tienda de ropa, probablemente un Agir. Veo un cartel. Interesante. Habrá otra entrevista de trabajo mañana, debajo del cartel pone algo así como que tendrán preferencia aquellos que se disfracen como un cocodrilo. Pss. Que gente más surrealista, se quieren reir de nosotros.
Salgo de la tienda, camino hasta la acera. Increíble. Cruzo la calle. No puede ser. Allí, ahora junto a mí, un hombre disfrazado de cocodrilo. Es mi oportunidad.
-¿Qué te puedo ofrecer por el disfraz?
Su respuesta aparece junto a él, como si de un videojuego se tratase (Jodida playstation).
-8 monedas de oro.
-Acepto.
Automáticamente me convierto en el hombre cocodrilo. Me dirijo hacia la dirección donde se va a realizar la entrevista de trabajo. ¡Soy un cocodrilo, las tengo todas conmigo! Abro la puerta donde será la entrevista. No llamo a la puerta, un cocodrilo no lo haría. Allí hay más gente, la cual me mira fija y raramente. Cierro la puerta y al volver la vista me encuentro al gran Adri con su traje blanco y su camisa roja (debió leer un cartel distinto al mío).
He vuelto a llegar tarde, allí tampoco hay trabajo para mí, me dicen otra dirección y salgo de allí. Ya no estoy disfrazado; es más, no soy yo, soy la niña pequeña de las Crónicas de Narnia y voy con un niño pequeño. Llegamos al bloque donde supuestamente será la nueva entrevista. No hay ascensor. Subimos las escaleras. El edificio está en ruinas y cuanto más subimos peor está. Llegamos a un punto en que no hay más escaleras, están derruidas. Volvemos a bajar. Ahora la entrada está llena de rocas. Intentamos salir, el niño se cae y queda inconsciente. A duras penas logro sacarlo conmigo en brazos, hay muchas rocas. Al final del escarpado camino hay gente esperandome. Llego sana y salvo.
-FIN-

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