Esta noche decidí viajar a las Cañás. Fui solo, nadie me acompañaba en mi viaje..
Me encontraba en la era. Caminaba pensativo hacia las escaleras de piedra, nadie más estaba allí. Descendí las escaleras y anduve hasta dos solitarios olivos. Durante unos instantes escuché el absoluto silencio que me rodeaba. Pero de pronto…
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-¡Hey! ¿Qué pasa Euge?
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Era el gran Harry acompañado del magnánimo Sera, los dos vestidos con ropa de campo. Parecían vivir allí. Era domingo, así que les pregunté:
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-¿Preparados para ir a misa o qué?
-¡Jajaja! –Rieron con fuerza y se alejaron.
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Al día siguiente volví a las Cañás. Este segundo viaje no lo emprendía solo. Íbamos en el coche: un gordo desconocido al volante, Carmen y Mari en los asientos traseros y yo de copiloto. El gordo desconocido parecía no conocer el camino, porque nos dio infinitas vueltas por lugares abstractos e inverosímiles.
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Al final el gordo desconocido detuvo el coche en un lugar que ya no parecía ser las Cañás, pero que sin embargo lo era. Salimos los tres del coche y Carmen comenzó una carrera a través de unas piedras escarpadas, unas angostas escaleras, arriba y abajo. Yo la seguía a ella, y Mari me seguía a mí.
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Cuando de repente hubo de detenerse, una gran puerta de hierro nos impedía llegar hasta los dos viejos olivos. Contemplamos unos instantes la puerta y decidimos tomar un camino alternativo, el cual nos obligaba a descender un peligroso bancal.
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-Espera Carmen, que te ayudo a bajar.
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Pero ella ya había comenzado sola y había conseguido descenderlo con relativa facilidad. Cuando me dispuse a bajar por el abrupto bancal, dos voces me sorprendieron.
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-¡Hey! ¿Qué pasa Euge?
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Era lunes por la mañana, Harry y Sera vestían muy elegantes, así que les pregunté con sorna:
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-¿Preparados para ir a misa o qué?
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-FIN-

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